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martes, 9 de agosto de 2011

Estafa



Hace algunos años un estafador decía pleno de orgullo:

“No me arrepiento de lo que hago,

Mi conciencia está tranquila.

Aquel a quien estafo,

Es si cabe, peor aún que yo.

Yo finjo ser un desvalido

Y él no duda en tratar de aprovecharse.

Yo le digo Esto no es legal, pero todo el mundo lo hace.

No hago más que lucrarme de la avaricia ajena.”

Suena real, creíble, talmente se auto exime de culpa.

Otra es la realidad:

Este sujeto vivía y probablemente aún vive,

Parasitando al prójimo.

Afortunadamente la ley le persigue, condena y captura.

No se absuelve el pecado

Fijándose en el del prójimo.

Nunca tendrá limpia su conciencia

Quien parasita a sus semejantes.

Es una pena que las víctimas de la estafa

No denuncien por miedo a ser juzgados

Como aquel que les estafó.

O simplemente por la vergüenza

Que les dicta la conciencia

De la cual carece quien les privó de sus bienes.


Imagen procedente de:

http://www.millonariosonline.com/wp-content/uploads/2011/01/estafa_marketing.jpg

3 comentarios:

Nicole Sagan dijo...

Cuánta razón tienes.
TK.

Judith Bascones Lejter dijo...

Eso es total cierto, en la estafa como en otros defectos del ser humano hay dos pecadores, el que estafa, y el que se deja estafar. un abrazo. Judith

Beni dijo...

Muchas gracias Nicole, siempre me apoyas, gracias tambien a ti Judith. He visto en muchas ocasiones como la codicia espolea al incauto y la vergüenza deja impune al culpable.

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